Cuando una jefatura no resulta, el primer número que aparece es el fee de la búsqueda. Es el más visible y casi siempre el menos importante.
El costo real está en otra parte: en los meses que el cargo operó a media máquina, en las decisiones que se postergaron esperando que la persona se asentara, y en el equipo que empezó a mirar hacia otro lado antes de que el directorio se enterara.
Una contratación equivocada rara vez se paga en la planilla. Se paga en el negocio.
La mayoría de las empresas medianas en Chile sigue eligiendo la búsqueda más rápida, no la que entiende el negocio. Es una decisión razonable cuando se mira el calendario y no el resultado: la vacante presiona, y llenarla se siente como avanzar.
Pero llenar la vacante y resolver el problema no son lo mismo. El perfil que ordena un cargo no se deduce de la descripción; se deduce de la decisión que esa persona va a tener que sostener en doce meses. Y eso exige leer la organización antes de leer el primer CV.
Contratar con criterio cuesta más tiempo al principio y mucho menos negocio después. La diferencia rara vez se ve en la entrevista. Se ve un año más tarde, cuando la primera línea ejecuta —o cuando hay que empezar de nuevo.